CONFESIÓN INSENSATA (CUENTO)

CONFESIÓN INSENSATA

…de él ya no quiero saber nada, su triste recuerdo inundo mi lánguida alma y desbordo los recuerdos qué aún conservaba como buenos. Hoy los días no son buenos en esta ciudad, el remoto paso de los años hizo que la gente se convirtiera en ese tipo de ser que siempre abomine, como ese tipo del frente, ¿lo ves?, -¿El lustrabotas mami?,- ¡Si, ese! Ves como con esa mirada vaga y ausente se encarga de alejar a la gente. – Pero mamá, no creo que esa sea su intensión. – Tal vez no lo sea y eso es lo que realmente le molesta, que la gente no se acerca. Hace años este sitio era uno de los más populares de la ciudad, aquí yo venía con  Rosalbita después de trabajar en la bolera, esos días si eran días… ¡Qué tiempos! – ¿Ya conocías a papá en ese entonces? – No, aún no. Yo era muy bonita, siempre me invitaban a salir, a mí me gustaba, pero siempre eran tipos muy Hippies y eso sí que no me gustaba, no señor. –Pero papá aún tiene su espíritu sesentero ¿por eso es que no le hablas? –No mi amor, entre él y yo paso algo raro, yo lo amé hasta un punto, pero su indiferencia y su irresponsabilidad me colmo; no creas que no me enamoré de él, porque si lo estaba, como no te imaginas, yo creí que él era todo un milagro, pero como el señor del frente en medio de este  aguacero yo siempre espere que me viniera todo y nunca me di cuenta de que el error tal vez estaba en mí y quizá el milagro que siempre espere estaba en mi nariz…

 Todos los derechos reservados 2009

 

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