CONFESIÓN INSENSATA (CUENTO)

CONFESIÓN INSENSATA

…de él ya no quiero saber nada, su triste recuerdo inundo mi lánguida alma y desbordo los recuerdos qué aún conservaba como buenos. Hoy los días no son buenos en esta ciudad, el remoto paso de los años hizo que la gente se convirtiera en ese tipo de ser que siempre abomine, como ese tipo del frente, ¿lo ves?, -¿El lustrabotas mami?,- ¡Si, ese! Ves como con esa mirada vaga y ausente se encarga de alejar a la gente. – Pero mamá, no creo que esa sea su intensión. – Tal vez no lo sea y eso es lo que realmente le molesta, que la gente no se acerca. Hace años este sitio era uno de los más populares de la ciudad, aquí yo venía con  Rosalbita después de trabajar en la bolera, esos días si eran días… ¡Qué tiempos! – ¿Ya conocías a papá en ese entonces? – No, aún no. Yo era muy bonita, siempre me invitaban a salir, a mí me gustaba, pero siempre eran tipos muy Hippies y eso sí que no me gustaba, no señor. –Pero papá aún tiene su espíritu sesentero ¿por eso es que no le hablas? –No mi amor, entre él y yo paso algo raro, yo lo amé hasta un punto, pero su indiferencia y su irresponsabilidad me colmo; no creas que no me enamoré de él, porque si lo estaba, como no te imaginas, yo creí que él era todo un milagro, pero como el señor del frente en medio de este  aguacero yo siempre espere que me viniera todo y nunca me di cuenta de que el error tal vez estaba en mí y quizá el milagro que siempre espere estaba en mi nariz…

 Todos los derechos reservados 2009

 

EL ECO DE LA INCERTIDUMBRE (CUENTO)

Diseño: Mjazz Desing (Mary Mora)

Diseño: Mjazz Desing (Mary Mora)

EL ECO DE LA INCERTIDUMBRE

La insoportable pesadez del tiempo que refleja produce sentimientos no del todo agradables. En una construcción vieja, roída por el tiempo, pero tan bien preservada que por más misteriosa que parezca cualquiera quisiera vivir allí. Las más austeras imágenes naturales de lo desolado de la casa y el sencillo paisaje del dominio, las paredes vacías, las ventanas como ojos presuntuosos, los ralos y siniestros muebles, el increíble ambiente bohemio nos envuelve en la amarga caída de la existencia cotidiana de las personas que viven allí.

BOGOTÁ 1957, En el interior de un cuarto yace un pequeño niño dormido, una sonido se escucha de fondo, es el canto de un hombre, un coro inmensamente nostálgico y melancólico. El niño abre sus ojos y sonríe. En un corto pasillo que se tiende a la salida del mismo. Bajo una lánguida luz amarilla, sentado en el suelo con una botella de brandi a su lado, y una guitarra en muy mal estado, reposa Víctor, un hombre de 35 años, su tez cadavérica, sus ojos negros penetrantes y el cabello en desorden hacen juego con su estado aparente de embriaguez. Su mirada cargada de una misteriosa fuerza de penetración parece detenerse en algo absoluto, en algo que lo carcome, de sus manos sale la interpretación de un pesaroso arpegio que después de unos instantes es acompañado por su retraída voz, una extraña sensación de tristeza embarga el lugar. – Víctor, (Cantando) “…Rencor, yo quiero volverá ser lo que fui; yo quiero vivir este odio maldito que llevo en las venas, me amarga la vida como una condena…” 1

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1.  RENCOR. INTERPRETE: CARLOS GARDEL – LETRA: LUIS CÉSAR AMADORI

 

Carlitos Un pequeño niño de 8 años en una cama durmiendo plácidamente, a su lado Víctor mirándolo fijamente, acariciando su cabello -Mijo, discúlpeme yo en serio ya no lo voy a dejar solo, el niño somnoliento y cabizbajo replica – Usted siempre dice lo mismo. Víctor, se retrae hacia el niño y abrazándolo repone -No esta vez es en serio, por eso llegue tarde anoche, Luchito me consiguió una oportunidad para cantar en la orquesta del mono flores, mijo sabe que a ellos les va bien y si me dejan entrar con ellos ya vamos a estar bien. Carlitos se encoje en hombros y se retira de los brazos de su padre. – Pero otra vez me va a dejar solo, Víctor se levanta y agarra a su hijo del brazo, – No solo es esta noche y después ya todo volverá a estar bien. Hoy me cobran una platica para estar allá, pero es para asegura que le pongan a uno cuidado y luego ya me contratan y empiezan a pagar bien. Carlitos, toma la mano de su padre, -Lléveme papá, yo me quedo quieto y no digo nada, Víctor sonríe, – No mijo hoy no puedo, hoy se queda y yo vuelvo rápido…

Las puertas de un armario se abren, Víctor saca el único traje que se encuentra allí colgado. Frente a un espejo posa muy bien arreglado para acomodarse su cabello, su traje negro, suntuoso pero de baja calidad aparente, denotan la clase social del hombre,  detrás suyo Carlitos observándolo fijamente. Víctor (Cantando) – “… el martirio que me causaste un día en silencio lo escucho todavía…2” El refinado hombre observa de soslayo a su hijo, – Hoy es el día papi, no me haga esa cara, que cuando yo puedo lo llevo, pero hoy va a estar muy lleno y lleno de borrachos, eso no es lugar para un niño. El niño se agarra a la pierna de su padre, -Usted siempre dice lo mismo, dice el chico. Víctor, lo levanta del abdomen y lo sienta sobre una silla junto al armario y continúa frente al espejo, – ¿Cómo quede? Este es el hombre mijo, el hombre que hoy va a ser el cantante nada más y nada menos que de la orquesta del mono Flórez, ¿se imagina papi?, Replica el hombre, quien se acerca al niño, lo abraza y le da un beso en la frente, -Mijo deme la bendición y la buena suerte pa’ hoy. El hombre frente al niño se inclina, mientras el niño lo persigna, luego se levanta, agarra una sombrilla y un pequeño maletín. -Yo llegaré temprano papi, pórtese bien

El hombre sale de casa y cierra la puerta del cuarto con llave, cruza el pasillo observa fijamente hacía atrás y meditabundo abre la puerta de la calle, la cierra y sale. Carlitos solo en el cuarto lucha por correr el tocador que cubre la ventana de la parte de atrás del cuarto, con esfuerzo logra moverlo unos centímetros, se trepa sobre el mueble, abre la ventana y sale del cuarto hacía la calle.

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2.  ALEJANDOSE. INTERPRETE: JULIO JARAMILLO – LETRA: ENRIQUE MANZANO

 

Víctor camina sobre la acera de la calle, tararea una canción y sonríe emotivamente. Un gran alboroto se escucha a lo lejos, gritos y algunos disparos envuelven el ambiente que se torna caótico; Víctor nervioso por lo que sucede a su alrededor acelera su paso, nervioso por no saber lo que pasa saca un cigarrillo y lo enciende mientras camina, a unos metros de llegar a una esquina un hombre corre rápidamente, en sus manos lleva un arma,  Víctor alterado cruza la calle y camina rápidamente para no involucrarse en el asunto. Después de un par de metros, un fuerte ruido se escucha y un grito desgarrador silencia el sitio. El hombre observa y ve a Carlitos, su hijo tirado en el suelo arrollado por el auto que perseguía al hombre que cruzo frente a él, corre apresuradamente y ve al niño gemir del dolor en el suelo de la calle, la pierna del pequeño destrozada, la sangre que sale de ella, los huesos  astillados y el dolor aparente del  niño. Mientras el auto continúa su marcha detrás del hombre que perseguía que ya no se ve cerca. Víctor con desespero levanta al niño del suelo, la gente observa alrededor con sigilo y sorprendida pero sin ánimo de ayudar al agobiado hombre y su pequeño hijo, camina rápidamente, la sangre del niño se esparce sobre el cuerpo del hombre mientras las personas que pasan a su alrededor observan, llegan a casa, Víctor abre la puerta con dificultad e ingresa, recuesta al niño sobre la cama, se dirige a un armario y saca un mantel viejo, el cual rasga. – Yo le digo las cosas para su bien, si ve lo que pasa cuando no hace caso. ¿pa’ dónde iba? ¡Yo le dije que no me demoraba! ¿Y ahora qué? Usted sabe que no hay plata ni pa’ comer ahora si menos para que un doctor le arregle esa pata. Dice el agitado hombre mientras amarra la tela sobre la pierna del niño, quien continúa llorando y sangrando mira a su padre quien le hace una curación casera para parar el sangrado. Después de unos instantes Víctor termina, se levanta, humedece un pedazo de tela e intenta limpiar su abrigo, al no lograrlo, se cambia de camisa, se coloca frente al espejo y se arregla el cabello y se dirige a su hijo.  -Yo voy canto y me devuelvo a ver que hacemos, allá va a estar Luchito, yo le digo que me preste algo de plata y me traigo al doctor. Carlitos llorando agónicamente agarra a su padre de la mano. -No me deje solo pá, me duele mucho… Víctor, muy preocupado observa a su hijo -Yo no me demoro mijo, ahorita solo tengo para  pagar lo de la audición, voy en un tiro y vuelvo con el trabajo y lo atienden. El afanado hombre observa la hora en su reloj de mano y sale de casa corriendo agitadamente.

Las cálidas luces de la noche, el humo del cigarrillo y las pipas de la gente envuelven el ambiente bohemio propio del lugar. En una mesa de la entrada un grupo de hombres muy bien vestidos beben brandi. Uno de ellos se levanta y se dirige hacia la puerta del sitio donde observa el ingreso de Víctor quien llega agitadamente, el hombre se acerca.- ¿Dónde estaba mano? Mire como llego, ¿qué le paso? -Tranquilo, un problema simple, pero ya estoy aquí, ¿Ya es hora? Replica Víctor. -No, pero ya en un momento empieza, no me puede fallar hoy yo confío en usted. Dice Gustavo mientras agarra al agitado hombre del brazo. -Tranquilo Don Gustavo, yo no le voy a fallar, el hombre afanado gira y observa al Víctor – ¿Y esa ropa?  -Es que tuve un pequeño problema,  pero yo no siempre me visto así, usted  me ha visto. El hombre enfadado levanta su mano y apunta hacia el interior del bar. – Vaya y dígale al negrito que está en la tarima que yo lo mande para que le preste uno de los trajes de la bodega, se lo pone y viene y lo presento.

Seis hombres vestidos de traje formal están torno al Mono Florez, un hombre bien presentado sentado en el extremo de la mesa. Todos beben brandy, el hombre del centro da una larga charla sobre la importancia de Gardel. Llega en medio de la charla Víctor, bien vestido y peinado. – …Y fue el, y solo él un mito creado desde la admiración, desde la voz y una sonrisa que todo lo pudo. Eso fue Carlitos Gardel.  Dice el hombre emocionado y algo ebrio. Gustavo se levanta de la mesa y sonriendo se dirige a todos. – Si estuviera vivo Lucho hasta le daría un hijo.

Todos ríen emotivamente, al llegar Víctor lo observan, Lucho se une a Gustavo, ambos de pie junto a la mesa lo presentan. – Caballeros él es el Señor Víctor Montoya, el Cantante de oro como le dicen popularmente, es el de quien les hemos hablado, puede que funcione como voz líder de la orquesta. Dice Gustavo. Víctor sonriendo, muy elegante y reluciente. – Buenas noches señores, (Se dirige al mono flores) Con todo respeto señor, sin adularlo, siempre he sido un gran admirador. El Mono Flores sonríe amablemente y asiente con la cabeza. Y observándolo fijamente. -Muchas gracias hombre, a mí también me han hablado muy bien de usted. Vamos a oírlo a ver que tiene, ¿Ya sabe cómo es la cosa no? (Víctor asiente desconcertado) Es simple, si se acomoda su voz y su presencia a la orquesta tiene el puesto, Hoy va a cantar para el bar lleno toda la noche sin pago. ¿Le parece? Obvio que le parece, si no, no estaría aquí (Todos ríen) Siéntese y tómese un brandy, ya la orquesta está casi lista.

Víctor toma asiento, junto a Lucho y Gustavo, una camarera le sirve un vaso de brandy, Él lo bebe rápidamente.

Lucho  se acerca hacia Víctor y le da un golpe en la espalda – ¿Esta como nerviosito no?  Tranquilo, haga lo suyo y todo  le va a salir bien, no se preocupe que yo moví mis fichas para eso. ¿Me trajo aquello? – Si Luchito, pero tengo un problema, el pelao se me accidento hoy y está en la casa con una pierna salida, esa platica se la puedo dar luego, cuando me paguen ya en serio. Lucho se contrae y agarra al hombre del brazo mientras lo observa fijamente. – Que vaina hermano, yo lo haría de mil amores pero a mí me tocar pagar favores y toda la cosa para que a usted lo acepten, sinceramente yo no me gano ni un peso en esta vuelta. Víctor cabizbajo bebe una copa de brandy de la mesa y se levanta hacía el baño. En un orinal el hombre meditabundo y desanimado, saca un cigarrillo e intenta prenderlo. Un hombre de color asoma su cabeza por la entrada y lo llama. – Caballero la orquesta lo está esperando.

En medio del escenario oscuro, el murmullo de la gente y el eco de la incertidumbre de saber qué pasa con su hijo, Víctor yace con el micrófono en mano. La música empieza, el público desde sus mesas lo observa detenidamente, el ansioso hombre inicia a cantar de la mejor forma posible. La noche avanza, los recuerdos de su hijo convaleciente, la presión del público (Quien ahora Víctor los ve con sus caras distorsionadas y difuminadas) y los tragos que va acumulando poco a poco, hacen del hombre una presa frágil, sin embargo continúa cantando de la mejor forma.  La velada está por terminar, el Mono Flores presenta a Víctor frente al público y anuncia la última canción, un tanto ebrio el cantante sonríe e inicia con su interpretación, al terminar la gente que ve su actuación aplaude fuertemente,  el hombre desciende del escenario y dispone a marcharse, Gustavo y Lucho  le llaman. – ¡Sos grande Gardelito! Que voz tiene amigo, ese trabajito está asegurado (Le alcanza un vaso con licor) Víctor se quita se abrigo y sonríe. – Muchas gracias caballeros pero tengo que marcharme, mi hijo me espera. Lucho se acerca y lo mira extrañado. -¿Pa’ onde’ va? Vamos a hablar con el Mono Flores a ver que dice, y hay que celebrar, Aproveche que ahorita hay traguito, comidita y mujeres. Víctor indispuesto sonríe amargamente y bebe su trago.

En una mesa del bar llena de distintos tipos de licor y comida se encuentran 8 hombres sentados en torno al Mono Flores, prostitutas acompañan a varios de ellos. Víctor inquieto bebe de su vaso.  Lucho de pie en medio de todos habla incoherencias,  su estado de total ebriedad le impide quedarse en un solo lugar. -…Y entonces yo le dije o me da su dirección o en este mismo momento me tocara raptarla… (Todos ríen) Una prostituta que está en el regazo de uno de los hombres sonríe. -¿Y  ella le creyó?  Usted es un bobo con suerte, a mí me invita un trago y le digo donde vivo  pero esas palabras tan baratas, no… Víctor en aparente estado de ebriedad se levanta de la silla y bebe el último trago. -Caballeros, yo les pido un permiso, tengo que atender mis obligaciones. El Mono Flores, quita a una de las mujeres y muy serio observa a Víctor. -Siéntese hombre que esto no ha terminado. Víctor se encoje en hombros y se acerca al ajado tipo. -Si señor yo sé, pero es que mi hijo…

El Mono Flores indignado, hala a una de las mujeres y la empuja hacía Víctor. – No hombre, ya le dije que tiene el trabajo, asegúrelo aquí con nosotros, esta es una noche de celebración, Víctor sonrie a la joven mujer y observa a Gustavo quien viene con la botella de Brandi en mano, – Es que mi hijo… Un trago de licor corta las palabras, mientras Gustavo bebe de la botella. – Ya más tarde lo ve, esto es un asunto de trabajo, vaya mami llámele una amiguita y sírvale otro al hombre pa’ que se anime.

Víctor totalmente ebrio camina inestablemente por la calle, en su mano izquierda una botella de licor lo acompaña, mientras intenta cantar un pequeño verso. – (Cantando y en estado de ebriedad) “…Y aunque el olvido que todo destruye haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón…”3

En la puerta de su casa, Víctor totalmente abrió canta mientras intenta abrir la puerta. -¿Papi? ¿Mijito? Ya vamos a estar bien… Abre la puerta, cruza el pasillo y se dispone a ingresar a su habitación. -¿Papi? ¿Mijo? Ya mañana vamos al médico, ya  tengo el trabajo, papi (Saca algunos billetes de su bolsillo) Mijo, ya voy a cantar…  hasta me prestaron algo mientras.  El Hombre ingresa al cuarto, el desorden y lo tétrico propio del lugar denotan una inmensa tristeza; La cama vacía, sangre por doquier, los rastros de esta hacía la ventana enmarcan la ausencia de Carlitos. Víctor continua buscando por la habitación vacía… -¿Papito? ¿Mijo?.

FIN.

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3.  VOLVER. INTERPRETE: CARLOS GARDEL – LETRA: ALFREDO LE PERA

Todos los derechos reservados 2012

SÉ (RELATO POÉTICO)

La felicidad es ambigua. Cuando el miedo sobrepasa los límites, ¿cómo disgregar  la sensación de no comprender lo que sucede y más aun cuando se busca una excusa inexistente a lo que se percibe? Pero así como en la perspicacia senil que yace en las mentes mas atentas al desatino cultural que nos ciega a esta generación, el miedo se ha apropia de nuestra inconclusa “inteligencia”.  

 

En  un letargo infinito, bajo una tímida luz cubierta con una diminuta tela que encontré por ahí, yace mi  perplejo cuerpo frente a una tímida caricia que rodea mi espalda, ella adormilada casi inconsciente luce increíblemente hermosa, su cabello lacio en el centro y rizado en las puntas cae sobre la almohada, envolviéndola como en un aro mágico dispuesto a cuidar su cálida tez que me acompañara todas las noches de mi vida.

  

Holgadamente he permanecido inmóvil, observándola cada noche mientras duerme, la ternura infinita y mi curiosa mirada agota el testimonio de una desorbitada pasión que envuelve este amor.

 

Sus ojos increíblemente profundos ya descansan en un recóndito letargo, imaginarme su negra pupila, tan fina cuando ríe y cuando llora las transparentes lágrimas en ella se convierten en un eterno vacío de sensaciones oníricas solo percibidas por la sensibilidad justiciera propia de su arte.

 

Tú y solo tú, escrita y descrita en una eternidad de ímpetu. Tú y solo tú,  mujer de la forma perfecta y carácter firme. Tú y solo tú, dueña de mi vida, que con el espíritu dulce  y la sanguinaria perversión de tus deseos conviertes mi vida en algo raro, me transformas del ser mas despiadado a un ente sensible y tan pequeño que tu cálido abrigo protege mi alma.

 

Tus besos, mi faro, mi único aliento son los pactos que brotan de esos labios sensoriales, besos llenos de pasión, besos que me hacen sentir vivo, besos que me llevan en un trance orgásmico, un frenesí de alucinaciones.

 

Disolutos  y taciturnos pensamientos siembran pesadas peripecias en mi mente, el sabor de perderte invoca melancólicos sentimientos de desazón con el mundo, con la gente y conmigo mismo, es el amor por el infinito, el infinito amor hacia la mujer que amo, y así, de la nada, de la pureza de mi existencia implico a la energía de la vida, a nuestra energía que esta pasión no muera.

Dedicado a Mary Mora (Mjazz)

EL QUERER (Cuento)

El querer

 

Cuando le conté al niño porque estaba en mi poder, no dijo nada, sólo asentía con su pequeña cabeza, era un lunes de esos que siempre odie, los recuerdos de mi agobiada alma en ese momento ya no podían soportar más el peso de la vida que llevaba y ese pequeño era la fiel muestra de la naturaleza humana. Tal vez él siempre supo lo que pasaba y como toda la gente de status elevado se auto flagelo con esos típicos problemas que solo ellos entienden. Yo solo lo observaba, él con su lánguido paso, observándome de soslayo, me hacía sentir la peor mujer del mundo.   La cita era a las 3.00 p.m. pero ese cabrón de Yepes siempre llegaba tarde a todo, eran ya las cuatro y el agua caía a cantaros, La ciudad por esos días pasaba por sus peores crisis climáticas. La espera me agoto, no supe nada al final, ese niño dejo tanto en mí, lo agarre del brazo y en medio de la lluvia salimos sin rumbo alguno, sin saber que la autoridad me seguía la pista desde hace rato, sólo quiero recordar la  noble y desolada mirada de aquel niño que hizo revivir en mí el amor fraternal pero que ahora me condena día a día a permanecer en estas cuatro paredes…

Todos los derechos reservados. 2009